Friends Zone…
Hace un rato me puse a leer Incoherencias…, y, además de darme cuenta que no estaba ligando ideas bien, me puse a pensar un poco más acerca de la “zona de amigos” (más porque parece que levantó algo de roncha).
De entrada, es cierto: tengo un condominio en The Friends Zone. Más que nada por comodidad, porque eso de andar yendo y viniendo con todo el equipaje emocional es una joda. Peeeero… No es sólo por el motivo que originalmente hizo surgir la idea del post anterior.
Dicha idea parte del escenario (que creo que nos ha tocado a todos) cuando se siente atracción ante otra persona, y al comentar dichos desequilibrios neurohormonales con el objeto del deseo, la respuesta obtenida es algo así como “Es que yo te quiero, pero como amigo…” Y surge la subsecuente sensación de acuchillamiento en el abdomen (surgido de una disminución en la irrigación de las vísceras huecas para mejorar el flujo a cosas más importantes como el cerebro), ideación suicida y autocompasión…
¿Por qué? Pues porque al tener uno al objeto del afecto cerca, hace lo del pavorreal durante el celo: se esfuerza por llamar la atención. Y lo hace de toda forma posible, y en algunos casos, adaptable a los gustos del objeto: vestirse bien, hacer tonterías, regalar cosas, etcétera, etcétera… Y, ¿qué pasa? Que todo se va al traste y el esfuerzo ni siquiera es reconocido. Luego de un período de estabilización, sólo queda tomar esa alternativa y quedarse detrás de la barrera siendo menos que un amor y más que un amigo…
¿Caso distinto? Invitas a alguien a salir, por ocio y aburrimiento, o tal vez por falta de opciones. A lo mejor acepta o a lo mejor no. El punto es que la invitación no tiene alguna intención subyacente más allá de salir a divertirse y tener pr lo menos con quien cotorrear. Corte a… Una llamada donde te citan en las escaleras del edificio de aulas y te dice “sólo quiero decirte que no quiero nada contigo”, en medio de un drama de proporciones épicas y tú con tu cara de “¿y eso a que viene?”. Espera, ya me proyecté…
Aquí fue diferente. Alguien supuso ser el objeto del afecto. Y esa suposición llevó a ese alguien a hacer un ridículo total y a tragarse el orgullo. Supongo que está cabrón estar en la creencia de gustarle a alguien y después te digan “no, estás en un error” y también el “te quiero, pero como un amigo”. Y tal vez después de algún tiempo, haya una epifanía donde se revele que ese drama en las escaleras no fue para convencer a la otra persona, sino a sí mismo de que no quería volverse el objeto del afecto de alguien… (Sí, esta historia es reciclada y muchos conocen a los protagonistas).
¿Uno más? OK. Y de pronto empiezan a darte globos, libros, CDs, películas. Osas preguntar por qué y recibes un “nada más” por respuesta. Como bola de nieve en descenso, va creciendo todo eso. En especial tu sentimiento de extrañeza. Te llama, te espera, te acompaña, te invita a salir… Y sospechas algo raro. Para variar, te la vives entre Júpiter y una de sus lunas y pasan de largo todas esas manifestaciones de “enamoramiento”: las pupilas, la respiración, el coqueteo descarado… Ahora te toca a ti: “Es que te quiero, pero como amig@”…
¿Cómo evitar el viaje doloroso a “la zona de amigos”? Fácil: terminando con la incertidumbre. Hablando. Exponiendo que realmente lo que se hace es o no es con intenciones perversas. El doctor Pedro Ortiz decía que “La suposición es el origen del error” y es lo más cierto que he oido. Mejor hay que evitar errores por suposiciones y comuniquémonos entre todos… Así no habrá confusiones, festines de orgullo y lágrimas innecesarias.
Barbeytus friendly…
Hace un rato me puse a leer Incoherencias…, y, además de darme cuenta que no estaba ligando ideas bien, me puse a pensar un poco más acerca de la “zona de amigos” (más porque parece que levantó algo de roncha).
De entrada, es cierto: tengo un condominio en The Friends Zone. Más que nada por comodidad, porque eso de andar yendo y viniendo con todo el equipaje emocional es una joda. Peeeero… No es sólo por el motivo que originalmente hizo surgir la idea del post anterior.
Dicha idea parte del escenario (que creo que nos ha tocado a todos) cuando se siente atracción ante otra persona, y al comentar dichos desequilibrios neurohormonales con el objeto del deseo, la respuesta obtenida es algo así como “Es que yo te quiero, pero como amigo…” Y surge la subsecuente sensación de acuchillamiento en el abdomen (surgido de una disminución en la irrigación de las vísceras huecas para mejorar el flujo a cosas más importantes como el cerebro), ideación suicida y autocompasión…
¿Por qué? Pues porque al tener uno al objeto del afecto cerca, hace lo del pavorreal durante el celo: se esfuerza por llamar la atención. Y lo hace de toda forma posible, y en algunos casos, adaptable a los gustos del objeto: vestirse bien, hacer tonterías, regalar cosas, etcétera, etcétera… Y, ¿qué pasa? Que todo se va al traste y el esfuerzo ni siquiera es reconocido. Luego de un período de estabilización, sólo queda tomar esa alternativa y quedarse detrás de la barrera siendo menos que un amor y más que un amigo…
¿Caso distinto? Invitas a alguien a salir, por ocio y aburrimiento, o tal vez por falta de opciones. A lo mejor acepta o a lo mejor no. El punto es que la invitación no tiene alguna intención subyacente más allá de salir a divertirse y tener pr lo menos con quien cotorrear. Corte a… Una llamada donde te citan en las escaleras del edificio de aulas y te dice “sólo quiero decirte que no quiero nada contigo“, en medio de un drama de proporciones épicas y tú con tu cara de “¿y eso a que viene?“. Espera, ya me proyecté…
Aquí fue diferente. Alguien supuso ser el objeto del afecto. Y esa suposición llevó a ese alguien a hacer un ridículo total y a tragarse el orgullo. Supongo que está cabrón estar en la creencia de gustarle a alguien y después te digan “no, estás en un error” y también el “te quiero, pero como un amigo“. Y tal vez después de algún tiempo, haya una epifanía donde se revele que ese drama en las escaleras no fue para convencer a la otra persona, sino a sí mismo de que no quería volverse el objeto del afecto de alguien… (Sí, esta historia es reciclada y muchos saben quienes son los protagonistas).
¿Uno más? OK. Y de pronto empiezan a darte globos, libros, CDs, películas. Osas preguntar por qué y recibes un “nada más” por respuesta. Como bola de nieve en descenso, va creciendo todo eso. En especial tu sentimiento de extrañeza. Te llama, te espera, te acompaña, te invita a salir… Y sospechas algo raro. Para variar, te la vives entre Júpiter y una de sus lunas y pasan de largo todas esas manifestaciones de “enamoramiento”: las pupilas, la respiración, el coqueteo descarado… Ahora te toca a ti: “Es que te quiero, pero como amig@“…
¿Cómo evitar el viaje doloroso a “la zona de amigos”? Fácil: terminando con la incertidumbre. Hablando. Exponiendo que realmente lo que se hace es o no es con intenciones perversas. El doctor Pedro Ortiz decía que “La suposición es el origen del error” y es lo más cierto que he oido. Mejor hay que evitar errores por suposiciones y comuniquémonos entre todos… Así no habrá confusiones, festines de orgullo y lágrimas innecesarias.
Barbeytus friendly…
rayos… creo que concuerdo con la mayoría de tus conclusiones salvo por el detalle de que, aún cuando es bueno evitar suposiciones, es practicamente imposible no hacerlo sin sentir que se le quitó todo el sabor al asunto :S … creo que soy un romántico (y no usar la definición cotidiana y baratona de la palabra: cursi…. http://es.wikipedia.org/wiki/Rom%C3%A1ntico ) y, pese a tratar de ser conciso y hablar directamente… algo de la ambigüedad y la interpretación dan un toque chévere a todo ello… pese a que el riesgo de terminar en el folder de los amigos es alto… o que los malos entendidos estén a la vuelta de la esquina… tal vez sea un “ni muy muy, ni tan tan”…
vale… hay que cotorrear luego… algún día, digo yo