Queridos Reyes Magos:
¡Cómo cambian las cosas en un año! La última vez escribía que no podía dejar mi carta en un zapato porque estaba mojado (del viaje de pesca por mi cumpleaños), y ahora escribo cómodamente desde el sillón, en el iPod… La cantidad de eventos que han pasado desde entonces ha sido apabullante y, debo admitirlo, creo que han salido a pedir de boca.
Después de la agridulce partida de Campeche, encontré un trabajo increíble que me ha hecho crecer profesional y espiritualmente. Tal vez la paga no sea algo espectacular, pero iniciar la vida profesional con algo así es genial. Gracias a ese trabajo, he conocido y reconectado con gente maravillosa, con quienes he conectado a muchísimos niveles, y que me han ayudado muchísimo con ese crecimiento.
Ha sido también un año de despedidas amargas. Este año perdí a varios, y no quiero decir que hayan pasado a otro plano. Pero cada una de esas pérdidas han dejado, además de un hueco, una enseñanza que espero haya podido aplicar correctamente desde sus partidas. Amigos dejaron de serlo, pacientes dejaron de serlo, pacientes dejaron de existir… Pero la muerte es el último misterio que quiero desentrañar, y espero que Sax esté ahí para guiarme :’).
He aprendido de mis errores, a veces surgidos de las pérdidas, a veces de las ausencias. Por eso he reconectado con mi familia, y estoy en un proceso difícil, de madurar, de disculpar y de perdonar… Pero sobre todo, de mejorar. He trabajado en los apegos que he generado, en los lazos tan dependientes que tengo, para poder ser libre y completo por mí mismo.
Porque… Llego alguien a mi vida. Igual que Bilbo al Anillo: de la forma menos esperada imaginable. Y si quiero ser alguien para él, tengo que ser un ser completo, sin ataduras, completamente yo para estar bien. Porque me enamoré de ese cabroncito cuando menos lo esperé… Pero el año pasado pedí suerte, y creo que me la cumplieron… Y de qué forma, jejeje. Siento que hemos crecido juntos y hemos pasado por experiencias fuertes que nos han acercado mucho, pero no al punto de revolvernos. Espero que esto dure mucho tiempo, porque me gusta esto de sentirme feliz.
Sólo me queda terminar esta carta con un verso de “Cada historia”, de Presuntos Implicados: “no había nada por lo que rezar/o, si acaso una oración/suplicando la continuidad/de aquella sensación”…
Nos escribimos el año que entra,
Barbeytus…
P.D. En serio, ¿Un carro de control remoto es too much?
