Ulumal…

Posted: mayo 25, 2012 in Insight, Servicio Social
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Y me ví sumergido en la nostalgia. Una voz muy lejana me sigue diciendo “vuelve”, y es casi irresistible, que aunque las circunstancias no son propicias, no deja de recordarme un tiempo por demás extraño de mi vida. Lo más extraño, naturalmente, es que quiera regresar a ese momento. Aún mientras escribo estas líneas, es casi imposible evitar pensar en volver; mientras duermo, recorro de memoria los caminos que anduve entonces; mientras estoy despierto, me sorprendo pensando en ir a Campeche.

Al volver de Ulumal lo dije: la Comarca me salvó a mí. ¿Será que necesito ser salvado? Recuerdo perfectamente los atardeceres en el potrero, mientras hablaba por teléfono, y cuantas veces me sorprendió la noche en ese lugar, siendo atacado por decenas de mosquitos. Regresar a casa de Maura, conectarme a internet y enviar correos y leer las nuevas; tal vez despues, platicar un rato con la gente. Pasar con don Rodo y echarnos mentiras un rato. Llegar al CS y ver que los chavos me esperaban para cotorrear un rato. Una rutina simple…

Siempre he querido volver. Visitar mi antiguo terreno. Ver si efectivamente hubo un legado que dejara que haya valido la pena. Pero más que nunca, ahora extraño a la gente que me arropo como a uno de los suyos, a pesar de ser un perfecto desconocido. No creo que tengan una idea clara del impacto tan fuerte que ese año tuvo en mí, en mi vida, en mi profesión; pero estoy seguro que saben que algo me conecta con ellos, con ese lugar, con esa tierra. La tierra me llama.

Me llama el volver a caminar bajo la lluvia torrencial de un día de septiembre, mojado hasta los calcetines y sonriendo mientras caminaba. Porque la lluvia limpia todo, y se lleva hasta los más profundos temores. Me llaman las ranas con su baile interminable durante la lluvia, hipnotizandome con el incesante croar que viene de mil fuentes, intimidantes y maravillosas. Me llaman los relámpagos que alumbran el cielo por las noches, muy alto, mostrándome el contorno de las nubes, y los truenos que retumban a lo largo del valle, perdiéndose entre los árboles a la distancia. Me llama el viento fresco del verano, y el viento helado de los nortes, que me llevaban noticias de lugares lejanos, haciéndome sentir en casa nuevamente.

Me llama el murmullo de los niños que van a la escuela por las mañanas, preparándose para hacer honores a la bandera los lunes. Me llama el jolgorio inclemente de los vendedores cuando pagaban Oportunidades, para aprovecharse de los centavos que les llegaban a las señoras. Me llaman las canciones de borrachos de la cantina junto al CS, que se detenían exactamente a las seis de la tarde cuando cerraban, pero que no paraba nunca. Me llaman los anuncios en el perifoneo, anunciando pan, tamales y carne, y que alguien recibiría una llamada en veinte minutos.

Me llama el silencio absoluto de la noche, en esos momentos cuando me sabía perfectamente solo en mi cuarto, que salía a fumar un cigarro y sólo había por ahí algún grillo despistado o un perro buscando comida. Me llama esa tranquilidad total de la medianoche, donde a lo lejos se escuchaba algún automóvil que pasaba por la carretera. Me llama sentarme en una silla, afuera del CS, mientras no había electricidad por la lluvia, con mi guitarra y un cigarro, para pasar el rato.

Es absurdo… Tanto tiempo que quise volver aquí y ahora no pienso en más que regresar. Ulumal… ¿Qué te debo que no me dejas y me llamas de vuelta?

Barbeytus…

Equinoccio…

Posted: marzo 31, 2012 in Ciudad, Insight, medicina
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El ballet cósmico continuó su incesante paso a través del tiempo y el espacio. Repetitivo y puntual, como sólo un brillante plan maestro brillante pudo haberlo diseñado. El momento exacto cuando todo el mundo recibió en todo su esplendor al Sol por igual sucedió mientras era casi medianoche en México. La energia tuvo un balance, y todo debía reacomodarse para su correcto funcionamiento.

Mientras todo esto pasaba, en un microcosmos más pequeño, pero no por lo mismo más insignificante, la angustia se iba apoderando de mí, convirtiéndose poco a poco en miedo. Irracional, dirían muchos, pero al fin y al cabo miedo. Curiosamente, ameritaba un balance de energía para que todo terminara. A pesar de que siempre consideré estúpido el hecho de ir a los centros ceremoniales antiguos a “cargar energía”, no se me hacía estúpida la idea de que cosas importantes vienen en esos eventos cósmicos… Pero no al punto de vestirme de blanco (cuando no ameritara uniforme) el 21 de marzo. Que al fin y al cabo ni es cuando sucede el equinoccio.

Trece horas después de equnoccio, sucedió lo inusitado: la Tierra nos habló a todos. Nosotros oriundos de la ciudad de México, no somos ajenos a los movimientos telúricos. Pero todos hemos de admitir que se sintió muy fuerte. Realmente nos sacudió a todos, aunque, gracias a Dios (o a los Dioses), no hubo escenarios dantescos como antes se han atestiguado en la ciudad. El miedo nos invadió a todos. Perdimos contacto, ahora tan dependientes de la telefonía celular. La energía tenía que realinearse.

Pero somos animales de costumbre. Estando tan acostumbrado a funcionar con ciertos niveles, la sacudida fue tan profunda, que causó estragos en más de uno. Las emociones se precipitaron y se sacudieron de sus anaqueles en el cuerpo, y así como en la Tierra quisieron salir, en cada uno de nosotros quiso hacer lo mismo. Es muy difícil dejar ir… Pero tenía que irse. Tal vez violentamente.

Se han suscitado cosas difíciles de explicar. Hechos disímbolos entre sí, pero que tal vez están conectados a niveles tan sutiles que gente con un profundo conocimiento de causa, con el entrenamiento adecuado han sido capaces de identificar satisfactoriamente. El miedo nos hace fuertes una vez más. El miedo nos une. Pero, como dicen, valiente no es el que no tiene miedo, sino el que logra sobreponerse a sus miedos. Tenemos que sobreponernos.

Cada uno de nosotros tenemos esa capacidad de sanarnos, de mejorar en todos los niveles que tenemos, los conozcamos o no. Además de unirnos al no querer vivir con miedo que se ha hecho tan común en nuestra sociedad, de no querer salir a la calle por miedo a que algún loco empiece a disparar al azar, tenemos que querer no vivir con el miedo a todas las cosas que pasan a diario. Vivir sin miedo a perder. Vivir sin miedo a quedarse sin trabajo, sin casa, sin dinero, sin familia. Sin amor. Porque todo va y viene en la vida, y tenemos que aceptar lo inevitable.

Quiero vivir sin miedo. Sin miedo a mí mismo, a regarla. Sin miedo a quedar abandonado una vez más, porque yo sólo puedo estar bien. Sin miedo a perderlo todo, porque al fin de mis días, voy a quedar sin nada. No soy un cuerpo con alma: soy un alma con un cuerpo. El cuerpo también se va a perder. Nuestras almas algún día se confundirán en un mismo corazón. En la eternidad es dónde nos daremos cuenta que no somos nada. Si no somos nada, no tenemos nada. Si no tenemos nada, ¿qué podemos perder?

Vivamos sin miedo.

Barbeytus…

Un día de esos…

Posted: marzo 13, 2012 in Anécdotas, Insight
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Cuando desperté, parecía que todo había sido un sueño, de esos que parecen tan reales que podrías jurar que pasaron. Despertamos juntos, en mi cama, siendo todavía de noche. Y había llegado el momento que se fuera a su casa, porque así las cosas deben ser. ¿De verdad estaba despierto? No lo recuerdo. Fuimos a su carro, nos despedimos casi como siempre y se fue.

Volví a la casa, con un poco de hambre, así que fui a la cocina. Ví luces encendidas en los cuartos, a pesar de la hora. Había un olor rico en el aire, de comida recién hecha. Tomé un poco y giré la cabeza para verla. Se veía “bien”. Entre comillas porque el hecho de que dijera que estaba bien significaba que no estaba tan mal. ¿No la había visto llorando hacía un rato? Me ofreció más comida, le di las gracias y me fui, sin tomarla.

Ya en mi cama, a punto de dormir, todo regresó de golpe. Una conversación vespertina resuena ahora muy fuerte en mi cabeza: “durante la guardia…”. Todo pasó como recuerdo que había sido el sueño. Todo comenzó con el mensaje. Siguió una conversación. Después, malas noticias. Mucho trabajo. Más malas noticias. Las cosas siguieron agravándose y agravándose y agravándose…

Cuando en mi cabeza sonó la campana de salida, agradecí a Dios que ya fuera a terminar el día. Por lo menos el laboral. “…los muertos…”. Nos fuimos de aquí, casi como siempre nos vamos, y nos fuimos. Con el parabrisas apenas salpicado de agua, por la inminente lluvia que caería. Afuera, el viento aullaba de lo fuerte que soplaba. Llegamos apenas a casa, justo para salir unos minutos después para interceptarla a medio camino, llorando, y yo mojándome los zapatos.

Regresando, cambié mi camisa y me saqué los zapatos. Todo lo de día se derramó en ese momento, justo cuando me senté en la cama, con una playera seca. “…caen de tres…”. Lo más triste fue darme cuenta que lo único que podría ofrecerle es ciencia, ya no amor, porque durante muchos años se lo ofrecí y sólo fui rechazado. A él le doy toda mi ciencia, aunque no la quiera; y le doy todo mi amor, esperando que siempre lo acepte.

‘Hoy es uno de esos días’ dije por la tarde. Bajo el aguacero nocturno, retomé esa frase. Recordé la historia y conté una parte de ella, en la que un día como hoy, de esos que son días de esos, al finalizar, comenzó a llover igual. Y recuerdo que ese día me senté frente al CS a mojarme bajo la lluvia, para sentirme uno con el universo. “… o de siete.”. Un día tan agotador emocionalmente que la única forma de superarlo era por medio del agua, para que se llevara todo. Después de eso, nos acostamos en mi cama.

Entonces fueron tres: el que se murió, el que maté y el que lentamente ha ido muriendo.

Barbeytus…

Igualdad no es tolerancia…

Posted: febrero 27, 2012 in Insight
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Yo fui víctima de “bullying”. El término me es muy reciente, pero es lo que es y aplica en mi caso. En la primaria, siempre fui la risa de mis compañeros por tener sobrepeso. No sólo fue en la escuela: inclusive uno de mis propios tíos me llamaba por cualquier peyorativo antes que por mi nombre. Una vez, me pateó mientras dormía en el piso de la recámara de mis tías, cuando las estaba visitando. Una de mis tías se la pasaba diciéndome mediocre a cada oportunidad que tenía, porque ‘yo podía dar más’.

Es frustrante. El querer tener identidad propia cuando todos los demás te la niegan, luchando calladamente por querer ser uno mismo. Es sólo el nombre lo que pedía. MI nombre, no alguno de la larga lista que ya tenían. Enoja. Entristece. Deprime. Eventualmente, te empieza a pudrir por dentro: poco a poco algo dentro crece, como la presión de una olla. Explotar se escucha como una buena opción, en ese momento. Y, tristemente, es lo que pasó: exploté.

Desafortunadamente, me comenzaron a decir por mi nombre hasta después de que golpeé a un compañero en la cara… Desafortunadamente, mi tío comenzó a decirme por mi nombre hasta que le abrí una herida en la frente con unas llaves… Desafortunadamente, me dejaron de decir mediocre cuando les dejé muy claro que le valía madre… No digo que la violencia haya sido la mejor opción disponible. Pero, a los trece años, ¿qué opciones tenía? Desafortunadamente, ninguna.

Lo reciente del término no quiere decir que sea un suceso igual de reciente, ni que sea exclusivo de un grupo en específico. Y no todos lo tomamos igual. El miedo a hacer las actividades diarias por lo que cual o tal piensen se me hace absurdo… Pero pasa. Y tanto pasa que se genera suficiente ansiedad para que se decida tomar la opción más fácil, la salida falsa. Tal vez sea la revolución medática, pero se ve cada vez más y más.

Nunca rechacé mi homosexualidad. Tampoco es que la oculte, es que simplemente no soy “obvio”, como se dice. Desde adolescente lo sabía, nunca me conflictuó más allá de cierto reverente temor de que se enteraran “por otro lado”. Ahora a mis 28 años, me siento capaz de salir a la calle tomándole la mano a mi novio sin que me importe lo que dicen o hagan los demás al respecto de eso. Son sus complejos, no míos. Eventualmente aprendí que no tengo que darle gusto a los demás, y doy gracias de ser miembro de una familia más inteligente que visceral, y tener amigos con mente tan abierta que no hicieron panchos al respecto.

Pero yo soy un adulto. Un muchacho (o muchacha) de dieciséis años, ¿qué va a hacer? L@ van a correr de su casa o l@ van a madrear en la escuela, y, aunque hay gente muy buena en el mundo, pueden quedarse sol@s. Y es muy ojete tener que vivir en una sociedad donde el que no encaje será abusado sistemáticamente por el mismo grupo en el que, en teoría, se debe encontrar seguro. Yo lo ví pasar y de cerca: después del corte de venas, ya nada es igual.

¿Qué podemos hacer? ¿Qué diferencia podemos hacer en el mundo para dejar de ser los desadaptados? Se me ocurren muchas cosas. La violencia no es la forma. Tal vez con el ejemplo. Porque de nada sirven los desfiles si lo único que le demostramos a la sociedad es que sólo somos un grupo que se la pasa divirtiéndose y ligándose hasta al que no. Sí podemos serlo, ¿por qué no…? Pero no somos eso nada más. Somos profesionistas. Somos gente trabajadora. Somos gente que luchamos a diario por mantener bien una relación con su pareja. Algunos que trabajan arduamente para que sus hijos salgan adelante.

Debemos dejar el ‘pinche jotita’ o el ‘puto cabrón’ para recuperar nuestros nombres y ser quienes somos. Porque siendo quienes somos, auténticamente, podremos quitar al resto de la sociedad la idea de que somos solamente un estereotipo, y que el hecho de tener una preferencia sexual determinada, es solamente una minúscula parte de lo que somos. No somos la bandera del arcoiris. No somos un pedazo de tela. Somos personas. Como cualquier otra.

Barbeytus…

Misiva real…

Posted: enero 5, 2012 in Correspondencia, Insight
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Queridos Reyes Magos:

¡Cómo cambian las cosas en un año! La última vez escribía que no podía dejar mi carta en un zapato porque estaba mojado (del viaje de pesca por mi cumpleaños), y ahora escribo cómodamente desde el sillón, en el iPod… La cantidad de eventos que han pasado desde entonces ha sido apabullante y, debo admitirlo, creo que han salido a pedir de boca.

Después de la agridulce partida de Campeche, encontré un trabajo increíble que me ha hecho crecer profesional y espiritualmente. Tal vez la paga no sea algo espectacular, pero iniciar la vida profesional con algo así es genial. Gracias a ese trabajo, he conocido y reconectado con gente maravillosa, con quienes he conectado a muchísimos niveles, y que me han ayudado muchísimo con ese crecimiento.

Ha sido también un año de despedidas amargas. Este año perdí a varios, y no quiero decir que hayan pasado a otro plano. Pero cada una de esas pérdidas han dejado, además de un hueco, una enseñanza que espero haya podido aplicar correctamente desde sus partidas. Amigos dejaron de serlo, pacientes dejaron de serlo, pacientes dejaron de existir… Pero la muerte es el último misterio que quiero desentrañar, y espero que Sax esté ahí para guiarme :’).

He aprendido de mis errores, a veces surgidos de las pérdidas, a veces de las ausencias. Por eso he reconectado con mi familia, y estoy en un proceso difícil, de madurar, de disculpar y de perdonar… Pero sobre todo, de mejorar. He trabajado en los apegos que he generado, en los lazos tan dependientes que tengo, para poder ser libre y completo por mí mismo.

Porque… Llego alguien a mi vida. Igual que Bilbo al Anillo: de la forma menos esperada imaginable. Y si quiero ser alguien para él, tengo que ser un ser completo, sin ataduras, completamente yo para estar bien. Porque me enamoré de ese cabroncito cuando menos lo esperé… Pero el año pasado pedí suerte, y creo que me la cumplieron… Y de qué forma, jejeje. Siento que hemos crecido juntos y hemos pasado por experiencias fuertes que nos han acercado mucho, pero no al punto de revolvernos. Espero que esto dure mucho tiempo, porque me gusta esto de sentirme feliz.

Sólo me queda terminar esta carta con un verso de “Cada historia”, de Presuntos Implicados: “no había nada por lo que rezar/o, si acaso una oración/suplicando la continuidad/de aquella sensación”…

Nos escribimos el año que entra,

Barbeytus…

P.D. En serio, ¿Un carro de control remoto es too much?

Discursos del destino…

Posted: septiembre 17, 2011 in Cine, Insight

Y aquí otra vez frente a una ventana en blanco. Parece que fue hace muchísimo tiempo que no me sentaba en forma frente a la computadora para tratar de escribir algo. No es tiempo lo que me ha hecho falta. No han sido temas los que han estado ausentes… Creo que los últimos seis meses he tenido tantas cosas que hacer, con tanta gente que he conocido, que parece que no ha sido necesario usar mi ruta de escape cibernético para vaciarme la cabezota de tantas ideas que me dan vueltas en la cabeza.

Justo en estos momentos, a mis espaldas, están transmitiendo, una vez más ‘Stranger than Fiction’, esa película que he visto y mencionado tantas veces acerca de un auditor que escucha la voz en off de la que está escribiendo su vida, mientras se acerca a su muerte inminente, al mismo tiempo que conoce y se enamora de una panadera desertora de Harvard. Un personaje por demás triste, no sólo por lo solitaria de su vida, sino por el conformismo con el que lleva esa soledad… Y recuerdo exactamente la última vez que la ví, y la última vez que la mencioné en el blog.

Recuerdo a quién fue la última persona a quien se la mencioné, y fue exactamente en un Blockbuster, no porque la hubieramos encontrado, sino porque la recordé de pronto. Estábamos ahí porque teníamos que matar algunos minutos para entrar al cine a ver otra película: ‘El discurso del Rey’. Recuerdo que no recordaba haberla visto, aunque, posteriormente se dió cuenta que sí lo había hecho. Tal vez sólo mostraba un poco de cortesía para hacer plática, siendo la primera vez que compartíamos tiempo y espacio, (cortesía que se debió terminar cuando yo decidí la película que veríamos).

La relevancia de estos dos hechos, que sólo tienen en común la anécdota y el ser productos fílmicos, es precisamente esa coincidencia. Tal como le sucedió a Harold en determinado momento en que su reloj le jugó una broma pesada y casi le cuesta la vida, no pude ver venir ese sábado por la tarde en la que el destino se puso a jugar conmigo (otra vez, je), y me involucró en una historia por demás increíble. Bueno, por lo menos increíble para mí. El resto de las coincidencias las he abordado en otras ocasiones, pero no dejan de sorprender a propios extraños, debo decirlo.

Creo que ahora la trama debe continuar, y curiosamente, es por medio de la voz del narrador, o mi voz interior, tal vez, que habrá que darle continuidad. Porque es precisamente en este tiempo en que estoy solo y ocioso, que es cuando fluyen las ideas más descabelladas, las más racionales y finalmente, las que llevaré a la práctica. Porque ahora se me han ocurrido los pensamientos más absurdos y los más románticos. Sintiendo un hueco de añoranza, tengo las más extrañas ocurrencias. Porque estos cuatro días de vacaciones no han sido sólo para descansar del mundo, del trabajo, del tráfico y del estrés: también han sido para descansar el uno del otro. Porque es chido tener un momento sin la ‘otra mitad’, porque siento que, por ilógico que se perciba, nos acerca más. Creo. Al fin y al cabo es mi opinión, habrá que ver que dice el otro lado.

Y, una cosa más… Justo ahora comienzo a borrar muchas cosas del blog. ¿Por qué, si nunca he borrado nada? Pues simple y sencillamente, que nos incomodan ahora, además que, citando a Bertie, “si uno y todos nos mantenemos resolutamente fieles, entonces, con la ayuda de Dios, prevaleceremos”…

Barbeytus’ Speech…

Not with a bang, but a whimper.

Las últimas líneas del poema de T.S. Eliot suenan místicas. Si usamos la voz de Cortana, se vuelve épico. Y casi siempre es así, porque cuando todo termina, no es de una forma ruidosa, sino discreta y sencilla, como si fuera un susurro. O por lo menos así parece ante los ojos de quien se le acaba el mundo. La idea del fin del mundo me agrada si fuera rápido, y que todo desaparezca en un instante, sin hacer tanta alharaca.

Pero, ¿qué es el mundo para uno? ¿Todo? Es demasiado. Consideraría más la idea de que hacemos microcosmos en cada esfera de la vida, y cada una es un mundo que se relaciona con los demás, aunque nunca hayan interactuado uno con otro. Extremos tocándose por un lazo invisible e inalámbrico, como alguna vez ya lo había manejado. Claro, el nexo es uno mismo, inevitablemente.

Cuando el mundo ha sido destruido, que ha llegado a su fin, sólo me queda ver como Spock, mientras un Romulano destruye el planeta Vulcano: impotente ante el hecho, y devastado por la misma impotencia. Pero como siempre, todo lleva una lección, porque, como siempre, uno mismo es quien tiene la última palabra al respecto de hacer o no hacer nada con respecto a ese inevitable fin.

Y es el amor que todo lo puede… Porque así como termina un mundo, de alguna forma de balance cósmico, otro se ve beneficiado de una forma inesperada tal vez, del fin del primero. Porque ante la estadía en el desierto, el mismísmo J.C. mandó al carajo al diablo las tres veces que fue tentado con lo que él de por sí podía hace por sí mismo, sin necesidad de que le fuera ofrecido. Y aún así dijo que no, por el amor de su Padre, y la fé que tenía en Él. Y se vió reflejado que otras esferas se beneficiaron de estas tentaciones. Pero esto no es una clase de religión o de teología. Es sólo un ejemplo.

Pero el amor fue que pudo. Y el amor fue que me hizo ganar. Me gané yo. No a mí mismo: fue mi amor propio, y el amor que le tengo a alguien que me hizo hacer lo mejor para todos. Al final, sólo quedó un sentimiento de tristeza por un mundo de por sí triste, pero al que le tuve mucho cariño, y al que siempre le deseé lo mejor del Universo. Pero mi mundo es más importante (sí, porque TÚ eres mi mundo) y lo puse primero, como defensa y como ofensiva, ante todo. Y gané.

Ahora, así fue como terminó el mundo, como he visto muchos mundos terminar, como dice Eliot, con un susurro, y no con una explosión, dejando una estela de polvo que inexorablemente terminará asentándose en el suelo, o vagando indefinidamente por el universo sin fin. A lo mejor terminará formando parte de algún otro mundo, u otro mundo por sí mismo. Pero ese mundo ya no será parte de este sistema.

Au revoir…

Barbeytus…