Misiva real…

Posted: enero 5, 2012 in Correspondencia, Insight
Etiquetas:

Queridos Reyes Magos:

¡Cómo cambian las cosas en un año! La última vez escribía que no podía dejar mi carta en un zapato porque estaba mojado (del viaje de pesca por mi cumpleaños), y ahora escribo cómodamente desde el sillón, en el iPod… La cantidad de eventos que han pasado desde entonces ha sido apabullante y, debo admitirlo, creo que han salido a pedir de boca.

Después de la agridulce partida de Campeche, encontré un trabajo increíble que me ha hecho crecer profesional y espiritualmente. Tal vez la paga no sea algo espectacular, pero iniciar la vida profesional con algo así es genial. Gracias a ese trabajo, he conocido y reconectado con gente maravillosa, con quienes he conectado a muchísimos niveles, y que me han ayudado muchísimo con ese crecimiento.

Ha sido también un año de despedidas amargas. Este año perdí a varios, y no quiero decir que hayan pasado a otro plano. Pero cada una de esas pérdidas han dejado, además de un hueco, una enseñanza que espero haya podido aplicar correctamente desde sus partidas. Amigos dejaron de serlo, pacientes dejaron de serlo, pacientes dejaron de existir… Pero la muerte es el último misterio que quiero desentrañar, y espero que Sax esté ahí para guiarme :’).

He aprendido de mis errores, a veces surgidos de las pérdidas, a veces de las ausencias. Por eso he reconectado con mi familia, y estoy en un proceso difícil, de madurar, de disculpar y de perdonar… Pero sobre todo, de mejorar. He trabajado en los apegos que he generado, en los lazos tan dependientes que tengo, para poder ser libre y completo por mí mismo.

Porque… Llego alguien a mi vida. Igual que Bilbo al Anillo: de la forma menos esperada imaginable. Y si quiero ser alguien para él, tengo que ser un ser completo, sin ataduras, completamente yo para estar bien. Porque me enamoré de ese cabroncito cuando menos lo esperé… Pero el año pasado pedí suerte, y creo que me la cumplieron… Y de qué forma, jejeje. Siento que hemos crecido juntos y hemos pasado por experiencias fuertes que nos han acercado mucho, pero no al punto de revolvernos. Espero que esto dure mucho tiempo, porque me gusta esto de sentirme feliz.

Sólo me queda terminar esta carta con un verso de “Cada historia”, de Presuntos Implicados: “no había nada por lo que rezar/o, si acaso una oración/suplicando la continuidad/de aquella sensación”…

Nos escribimos el año que entra,

Barbeytus…

P.D. En serio, ¿Un carro de control remoto es too much?

Discursos del destino…

Posted: septiembre 17, 2011 in Cine, Insight

Y aquí otra vez frente a una ventana en blanco. Parece que fue hace muchísimo tiempo que no me sentaba en forma frente a la computadora para tratar de escribir algo. No es tiempo lo que me ha hecho falta. No han sido temas los que han estado ausentes… Creo que los últimos seis meses he tenido tantas cosas que hacer, con tanta gente que he conocido, que parece que no ha sido necesario usar mi ruta de escape cibernético para vaciarme la cabezota de tantas ideas que me dan vueltas en la cabeza.

Justo en estos momentos, a mis espaldas, están transmitiendo, una vez más ‘Stranger than Fiction’, esa película que he visto y mencionado tantas veces acerca de un auditor que escucha la voz en off de la que está escribiendo su vida, mientras se acerca a su muerte inminente, al mismo tiempo que conoce y se enamora de una panadera desertora de Harvard. Un personaje por demás triste, no sólo por lo solitaria de su vida, sino por el conformismo con el que lleva esa soledad… Y recuerdo exactamente la última vez que la ví, y la última vez que la mencioné en el blog.

Recuerdo a quién fue la última persona a quien se la mencioné, y fue exactamente en un Blockbuster, no porque la hubieramos encontrado, sino porque la recordé de pronto. Estábamos ahí porque teníamos que matar algunos minutos para entrar al cine a ver otra película: ‘El discurso del Rey’. Recuerdo que no recordaba haberla visto, aunque, posteriormente se dió cuenta que sí lo había hecho. Tal vez sólo mostraba un poco de cortesía para hacer plática, siendo la primera vez que compartíamos tiempo y espacio, (cortesía que se debió terminar cuando yo decidí la película que veríamos).

La relevancia de estos dos hechos, que sólo tienen en común la anécdota y el ser productos fílmicos, es precisamente esa coincidencia. Tal como le sucedió a Harold en determinado momento en que su reloj le jugó una broma pesada y casi le cuesta la vida, no pude ver venir ese sábado por la tarde en la que el destino se puso a jugar conmigo (otra vez, je), y me involucró en una historia por demás increíble. Bueno, por lo menos increíble para mí. El resto de las coincidencias las he abordado en otras ocasiones, pero no dejan de sorprender a propios extraños, debo decirlo.

Creo que ahora la trama debe continuar, y curiosamente, es por medio de la voz del narrador, o mi voz interior, tal vez, que habrá que darle continuidad. Porque es precisamente en este tiempo en que estoy solo y ocioso, que es cuando fluyen las ideas más descabelladas, las más racionales y finalmente, las que llevaré a la práctica. Porque ahora se me han ocurrido los pensamientos más absurdos y los más románticos. Sintiendo un hueco de añoranza, tengo las más extrañas ocurrencias. Porque estos cuatro días de vacaciones no han sido sólo para descansar del mundo, del trabajo, del tráfico y del estrés: también han sido para descansar el uno del otro. Porque es chido tener un momento sin la ‘otra mitad’, porque siento que, por ilógico que se perciba, nos acerca más. Creo. Al fin y al cabo es mi opinión, habrá que ver que dice el otro lado.

Y, una cosa más… Justo ahora comienzo a borrar muchas cosas del blog. ¿Por qué, si nunca he borrado nada? Pues simple y sencillamente, que nos incomodan ahora, además que, citando a Bertie, “si uno y todos nos mantenemos resolutamente fieles, entonces, con la ayuda de Dios, prevaleceremos”…

Barbeytus’ Speech…

Not with a bang, but a whimper.

Las últimas líneas del poema de T.S. Eliot suenan místicas. Si usamos la voz de Cortana, se vuelve épico. Y casi siempre es así, porque cuando todo termina, no es de una forma ruidosa, sino discreta y sencilla, como si fuera un susurro. O por lo menos así parece ante los ojos de quien se le acaba el mundo. La idea del fin del mundo me agrada si fuera rápido, y que todo desaparezca en un instante, sin hacer tanta alharaca.

Pero, ¿qué es el mundo para uno? ¿Todo? Es demasiado. Consideraría más la idea de que hacemos microcosmos en cada esfera de la vida, y cada una es un mundo que se relaciona con los demás, aunque nunca hayan interactuado uno con otro. Extremos tocándose por un lazo invisible e inalámbrico, como alguna vez ya lo había manejado. Claro, el nexo es uno mismo, inevitablemente.

Cuando el mundo ha sido destruido, que ha llegado a su fin, sólo me queda ver como Spock, mientras un Romulano destruye el planeta Vulcano: impotente ante el hecho, y devastado por la misma impotencia. Pero como siempre, todo lleva una lección, porque, como siempre, uno mismo es quien tiene la última palabra al respecto de hacer o no hacer nada con respecto a ese inevitable fin.

Y es el amor que todo lo puede… Porque así como termina un mundo, de alguna forma de balance cósmico, otro se ve beneficiado de una forma inesperada tal vez, del fin del primero. Porque ante la estadía en el desierto, el mismísmo J.C. mandó al carajo al diablo las tres veces que fue tentado con lo que él de por sí podía hace por sí mismo, sin necesidad de que le fuera ofrecido. Y aún así dijo que no, por el amor de su Padre, y la fé que tenía en Él. Y se vió reflejado que otras esferas se beneficiaron de estas tentaciones. Pero esto no es una clase de religión o de teología. Es sólo un ejemplo.

Pero el amor fue que pudo. Y el amor fue que me hizo ganar. Me gané yo. No a mí mismo: fue mi amor propio, y el amor que le tengo a alguien que me hizo hacer lo mejor para todos. Al final, sólo quedó un sentimiento de tristeza por un mundo de por sí triste, pero al que le tuve mucho cariño, y al que siempre le deseé lo mejor del Universo. Pero mi mundo es más importante (sí, porque TÚ eres mi mundo) y lo puse primero, como defensa y como ofensiva, ante todo. Y gané.

Ahora, así fue como terminó el mundo, como he visto muchos mundos terminar, como dice Eliot, con un susurro, y no con una explosión, dejando una estela de polvo que inexorablemente terminará asentándose en el suelo, o vagando indefinidamente por el universo sin fin. A lo mejor terminará formando parte de algún otro mundo, u otro mundo por sí mismo. Pero ese mundo ya no será parte de este sistema.

Au revoir…

Barbeytus…

Obituario…

Posted: junio 21, 2011 in Familia y amigos, Insight, Vida y muerte
Etiquetas: , ,

Y me acabo de dar cuenta que nunca más veré tu hocico canoso asomándose por el orificio de la puerta. Que nunca más me recibirás cuando vuelva de donde sea, a la hora que sea, para que te saque unos segundos a los árboles frente a la casa. Tu plato aún con croquetas no será usado jamás. El balde con agua se quedará esperándote, rebosante, aunque nunca beberás de él otra vez. La vida va a seguir, a pesar de todo. Mis días seguirán avanzando, y seguiré siendo yo, porque también lo fui, lo soy, y lo seré, porque en un momento llegaste a mi vida para marcarla por siempre.

Ese viernes de octubre de 2003, nunca me imaginé que te volverías un factor tan definitivo en mi vida, y que sólo te volverías una mascota más, un guardián para la familia y la casa. Desde ese día, hasta hace dos días, siempre dormiste en el cuarto contiguo al mío. Me despertaste un número incontable de veces: desde un gato que pasaba y querías ladrarle, hasta cuando querías que te sacara por las mañanas temprano. Tu lugar estará esperándote siempre, cachorro.

Dos veces me he tenido que ir lejos, por mucho tiempo, y ambas ocasiones, antes de salir por la puerta con la maleta llena de ropa y la cabeza llena de añoranza, te pedía encarecidamente que cuidaras a la familia. Cuando volvía, a pesar de todo, me recibías como si sólo me hubiera ido un día, y te agradezco infinitamente que hayas hecho tu labor de guardia en mi ausencia. Pero realmente te agradezco más el haber hecho tu labor de compañía, y por demostrar que también me extrañaste en esos andares.

Cuando enfermaste hace no mucho tiempo, tomé la más estúpida e infundada decisión que podría haber tomado. Entonces, mi madre me ignoró e hizo lo mejor por tí, porque de todos, a tí te quiere porque llegaste y te la ganaste… Y ahora te llora más que yo. Ella te salvó de la influencia nefasta de un inepto, y nunca estuve tan agradecido por que no me haya hecho caso. Ella te sanó y cuando te encontré de nuevo, te encontré como nuevo.

Ahora las cosas fueron más graves. A mí no me alcanzó la ciencia, y a ninguno nos alcanzó el amor para mantenerte con nosotros. Tu partida ha dejado un hueco enorme en nuestras vidas. Por lo menos en la mía lo deja, y es inconsolable el pensar que no estarás ahí para levantarme el ánimo, con el simple hecho de levantarme la mano con el hocico. Tomé la horrible responsabilidad de tomar la decisión que haría lo mejor por tí, porque si tuviera que ser al revés, harías lo mejor por mí… Y yo sé que te hubieras puesto frente al fuego por mí.

Fuiste y serás algo de lo mejor que me ha pasado en la vida. Y te extraño de a madres. Y te he llorado mucho hoy. Y lo seguiré haciendo por un tiempo. Espero que, eventualmente, nos volvamos a encontrar, como dice la leyenda, a la orilla de un río, para que me ayudes a cruzar, si es que fui lo suficientemente bueno contigo. Mientras eso sucede, te seguiré llevando conmigo, en mis recuerdos, con mi nostalgia, amarrado en el cuello, como pocas veces te llevé.

Mi queridísimo Sax… Esto es para tí, por todos los momentos geniales que compartimos. Tal vez nunca más te vuelva a ver, pero siempre te recordaré.

Barbeytus…

Update/Delete…

Posted: junio 9, 2011 in Insight, Relaciones
Etiquetas:

Siempre sentí esa curiosa incomodidad cada que abría el Orba para entretenerme. Un jueguito sumamente simple que me mantuvo entretenido durante muchísimas horas en el Exilio, cuando no había nada en la televisión, cuando no había luz o simplemente cuando se me antojaba jugarlo. Justo ayer sentí esa incomodidad otra vez. La misma. El reclamo. El odio. La inseguridad. Ya no me importa, pero como chinga, la verdad.

Naturalmente no fue difícil encontrar el por qué de esa incomodidad, ya que quien me introdujo al juego fue quien después dijo que me odiaba con particular saña. En específico, recuerdo dos ocasiones que mi necia memoria tiene perfectamente grabadas, con el común denominador del ‘no me pones atención cuando juegas’. Tan poca atención le ponía, que recuerdo dónde estábamos, a dónde íbamos y qué le contesté en ambas ocasiones. Si me esforzara un poco, igual y hasta me acuerdo que ropa traía puesta.

Hace un par de horas, mientras desayunaba, se me ocurrió mandar a actualizar las aplicaciones del iPod, toda vez que ya había instalado la actualización del iOS. La única aplicación de la que había actualización es Orba. Al quererla realizar, la pantalla solicitó la contraseña de una cuenta que no es la mía, y que ya no pude usar mucho tiempo antes de que todo se cayera a pedazos.

Exhalé.

Y la borré.

Barbeytus…